Tarde o temprano, aparecerá el cadáver de Maddie en el sótano de algún pederasta psicópata, valga la redundancia, y este público enigma tocará a su fin. Es lo más probable porcentualmente cuando desaparece un niño en tales circunstancias, pero, mientras tanto, seguirán surgiendo hipótesis que alimenten la necesidad de misterio de la audiencia. Anónimos comunicantes habrán de asegurar que la pequeña secuestrada circula fugitiva por diversos puntos del planeta en manos de tal o cual siniestro indi [...]
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